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martes, 7 de febrero de 2012

El debate en el PSOE

"Lo que hunde a Chacón es su tono mitinero"

por Javier Bernad (@javierbernad) 07/02/12

Ha ganado Rubalcaba a Chacón. Parece que estaba claro, por la experiencia frente a la menor experiencia, y por las corrientes del partido que empujaban a su favor. Pero probablemente hayan tenido algo que ver sus respectivas habilidades de hablar en público. En sus discursos en el Congreso de Sevilla, siempre un buen sitio para ganar a lo que sea, los dos dejaron claro qué tal lo hacen en el apartado de oratoria. Es posible que muchos votantes se plantearan qué tal quedaría cada uno de los candidatos peleando en el parlamento contra una pared de mayoría absoluta. Y el resultado es claro.

    
Los dos usan una retórica manida pero no por ello menos efectiva, con la demagogia que cabe esperar de la ocasión. Rubalcaba le echa la culpa de todo a los “poderes financieros” y a la crisis, y se echa unas cuantas flores relacionadas con el terrorismo. Chacón también le echa la culpa a la crisis y reconoce que no lo han hecho muy bien, jugando la carta de la autocrítica para aparecer fiable por lo transparente. Pero Rubalcaba no juega esa partida, prefiere que se la coma Chacón si quiere. En la misma línea, que no le favorece, Chacón le reconoce a Rubalcaba su éxito contra el terrorismo. Chacón se apoya más en Zapatero, como su mentor, para arroparse en lo que le quede de aura de líder. Rubalcaba se apoya en la historia anterior del partido, mucho más lustrosa que la reciente. Los dos repiten sin parar “compañeras y compañeros”, a lo Rusia 1917. Y los dos dicen frases vacías de congreso político, como “no empecemos de cero, empecemos de nuevo” (Chacón), o “sabré cambiar al PSOE para que siga siendo el PSOE” (Rubalcaba)

Rubalcaba deja claro al principio por qué es superior a Chacón, con una sencilla frase que la destroza. Dice como de paso, sonriendo y a modo de chanza, que los dos se han comportado con elegancia, aunque ella ha dicho “unas cincuenta y ocho veces que soy el pasado, y yo he dicho unas sesenta que tengo mucha más experiencia que ella”.
Ambos empiezan muy bien, sin deshacerse en agradecimientos y lanzándose directamente con algo que atrapa la atención. Rubalcaba con que quiere mucho a su partido, y Chacón con los votantes que aún les quieren.

Lo que hunde a Chacón es su tono mitinero, sobre unas notas que consulta demasiado frente a un adversario que apenas las mira, y que aparece mucho  mas natural y relajado, esta vez sin parpadear tanto como suele hacer. El tono mitinero consiste en acabar las frases en alto, continuamente. Se le pilla enseguida y el público se coloca en modo “me están contando lo que quiero oír”. La sonrisa de Chacón es forzada, frente a la espontánea de Rubalcaba. Chacón agarra el atril y se apoya en él, a modo de parapeto y quitándose apariencia de seguridad. Rubalcaba apenas lo toca, únicamente se coloca los micrófonos de vez en cuando.


Chacón aparece tensa en todos sus gestos. La voz le sale cascada, y no creo que sea de haber pasado la noche de fiesta. Sus manos parece que siguen el guion dictado por su coach de hablar en público, gesticulando de modo exagerado para resaltar sus puntos.

Rubalcaba por el contrario aparece seguro de sí mismo, como si no le fuera la vida en esto. La voz es firme y está bien modulada. Si tuviera que mejorar algo, sería ese baile tras el atril, y sus manos que siguen con ese tic de juntarse de vez en cuando a la altura del ombligo. También tendría que dejar de mover el índice y el pulgar juntos a modo de pico de pájaro buscando el ojo del adversario. Es un gesto que acaba por despistar.

El vestuario elegido es intachable en los dos casos, con camisa y blusa clara que contrasta con colores poderosos en la chaqueta. Chacón podría haberse puesto un broche para resaltar más su cara, como cuando era ministra, pero no pega en el congreso del PSOE.

Es posible que en el gobierno estuvieran deseando que saliera elegida Chacón. Aunque habría hecho más difíciles muchas cosas, habría sido pan comido en el parlamento los miércoles.

martes, 31 de enero de 2012

I HAVE A DREAM

King era un grandísimo orador
por Javier Bernad (@javierbernad31/01/12


Igual no has oído nunca el famoso discurso de Martin Luther King de 1963, I Have a Dream, aunque seguro que lo conoces. King era un activista en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, en una época en la que no todo el mundo podía usar los mismos lavabos públicos. En agosto de ese año, habló durante 15 minutos en una manifestación en Washington DC, la “Great March on Washington”. Si no lo has oído entero, te lo recomiendo en esta mes del aniversario de su nacimiento:



Es una pieza de oratoria conmovedora. Se ha mencionado tantas veces su estrofa principal, que ya no le llama la atención a nadie. Pero si te sientas a verlo te choca el contraste de aquella época con la actual, y se te hacen realidad mil películas que has visto sobre el tema.

King era un grandísimo orador. En este discurso hace tres cosas muy pero que muy bien, además de tener un contenido sencillo y bien estructurado.

1. Incluye las pausas de manera magistral. Es muy fácil seguir su ritmo. Fíjate cómo no se atropella y cómo mastica cada palabra que dice. No le sobra ni una.

2. Utiliza la repetición de frases para acentuar los puntos que quiere resaltar, un recurso clásico de los predicadores, como lo era él. Desde 01.05: “one hundred years later”; desde 04.12: “now is the time”; desde 07.30: “we cannot be satisfied”; desde 12.30: “with this faith”; desde 13.30: “let freedom reign”; y por supuesto, desde 10.10: “I have a dream”.

También repite tres palabras clave que sintetizan el mensaje: freedom, free, o liberty, 25 veces. Justice, nueve veces. Negro, 13 veces.

3. Preparación. No puedes hacer un discurso así de encendido si no te lo has preparado durante muchas, muchas horas. Incluso teniendo en cuenta que era predicador y que estaba habituado a presentar, creo que no le echó menos de 100 horas de ensayos.

El discurso tiene dos partes diferenciadas no solo por el contenido, sino por cómo las presenta. En la primera, habla de lo mal que lo pasan los negros y de la contradicción de vivir así en un país donde todo es abundancia, y donde se luchó en la guerra civil por conseguir esos derechos que no tienen aún. Esta parte la lee, incluso no demasiado bien. En lugar de mirar al público cuando habla, con frecuencia sigue hablando al bajar la cabeza para leer. Sus variaciones de tono y volumen hacen que no parezca que lee, pero lo hace.

En el minuto 10.13, levanta la vista del papel y desde entonces parece un mago invencible orquestando una tormenta en el océano. Su voz sube de volumen, se acelera y juega con el ritmo como si fuera las olas. Esta parte es la que ha hecho que pasara a la historia, King y el discurso.

Si es la primera vez que lo ves entero, y no lloras, es que no tienes corazón…

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Frases entrecortadas

"Parece que está recitando un soneto que no rima"
por Javier Bernad (@javierbernad) 29/12/11

Zapatero habrá sido mejor o peor presidente del gobierno, dependiendo de tu visión del mundo, pero su uso de la oratoria deja bastante que desear. Ya hemos hablado de sus manos unidas continuamente frente al ombligo, y de su baile tras el atril, además de que lo agarra a modo de parapeto. Su sonrisa, excelente y su rasgo más característico, que le ha atraído tantas simpatías.

Una cosa destaca sobre todas en su oratoria: sus frases entrecortadas. Seguro que te habrás fijado, pero lo puedes comprobar aquí, al principio de la intervención:



“…que ha sufrido
un fuerte
deterioro
en su respaldo
popular”

Parece que está recitando un soneto que no rima. Imagino que lo hará así porque se ve a sí mismo como más sofisticado, considerando las palabras una a una como si estuviera componiendo una nueva Constitución. Si quieres hablar realmente despacio, lo suyo es entrecortar el discurso en frases, no en palabras. La mente del español medio es lo suficientemente rápida como para entender unas cuantas frases seguidas, siempre que no estés hablando de la física de los agujeros negros. De hecho, si alguna vez lees un discurso, dividirlo en frases funciona bien y te permite no tenerlo que memorizar.

¿Qué es lo que piensa la audiencia cuando le entrecortas las frases en segmentos de palabras sin tener nada que ver con la puntuación?

1. Que eres lerdo y no sabes hilar una frase de 10 palabras. De otro modo, ¿por qué le puede costar tanto a este señor decir una frase seguida sin parar, como si le estuviera dando un huracán en la boca? Igual es que en su clase en el colegio había un serio problema de disciplina y no paraban de hablar, con lo que había que buscar el hueco entre el vocerío cuando presentaba su trabajo de geografía.

2. Que les estás aburriendo. Si hablas tan despacio vas a tener el mismo éxito de taquilla que el cine francés. Como decía Woody Allen, es tan emocionante como ver crecer una flor.

3. Que eres un pretencioso. Te las quieres dar de sofisticado y acaricias las palabras como si cada una fuera una joya de la oratoria a no olvidar. Pero los genios precisamente hablan a borbotones por lo general. Mira a Orson Welles, Richard Feynman, o Salvador Dalí.

4. Que igual piensas que son tontos y no pueden entender las frases de más de tres palabras. Así que les ayudas con un ritmo más lento, para que los pobrecillos puedan entender tu elevado discurso. Claro que el efecto es el contrario. Cuando te quieres hacer el importante, el público te ve exactamente al revés. Si hablas de tu coche nuevo antes de que lo vean, probablemente te tachen de fatuo. Si lo ven y no les has hablado de ello, alabarán tu discreción.

5. Que no tienes ni idea de qué decir y te lo estás inventando sobre la marcha, así que vas muy despacio para que te dé tiempo a inventar el siguiente sinsentido. Es muy posible que, en ocasiones, este fuera el caso del ex presidente del gobierno. La improvisación requiere pescar en la memoria a largo plazo conceptos, que puedes también mezclar con solo una apariencia de orden. Si los sueltas muy despacio parece que lo que estás contando es realmente profundo y difícil de entender.

Si te toca improvisar un discurso, o hablar de algo sofisticado, simplemente sé coloquial. Habla como hablarías con tus amigos en el bar. No pretendas hacerte el importante con frases entrecortadas, porque te van a pillar. Puedes hablar despacio para remarcar  un punto, pero no cortes todas las frases. Después de ocho años de oratoria presidencial, te clasificarían enseguida.

viernes, 8 de febrero de 2008

La batalla electoral de oratoria 5: Chaves contra Mato

La batalla electoral de oratoria 5: Chaves contra Mato

por Javier Bernad (@javierbernad) 16/11/11



Las encuestas cada vez ofrecen resultados más claros sobre quién va a ganar las elecciones del próximo domingo, pero nuestra batalla electoral de oratoria continua sin un claro ganador. 


Manuel Chaves es el actual ministro de administración pública, y Ana Mato suena como candidata a ese puesto en un posible gobierno del PP. ¿Quién habla mejor en público?


Manuel Chaves tiene una carrera política que le ha dado infinidad de oportunidades de practicar hablando en público, y se nota. Le han enseñado por ejemplo a hacer el signo de la pagoda, que transmite poder y dominio (03.42) al juntar las manos. También le han enseñado a modular la voz de maravilla, con un uso magistral de las variaciones de tono (03.01, 03.21), volumen (06.26, 07.03), y velocidad (06.48). Las manos las utiliza para aumentar su expresividad, aunque a veces señala con el índice, en un toque dictatorial que sobra (06.15). Se agarra en ocasiones al atril (03.52); fíjate en la diferencia de apariencia cuando gesticula alejado del atril (05.58).





Lo que claramente mejoraría su expresión es la postura. Cuando se le ve de cuerpo entero apoya el peso más en una cadera (03.02, 05.23), lo que transmite dejadez o que no le interesa demasiado el público. 


Ana Mato aparece bien plantada detrás del atril. También cambia el peso de cadera de vez en cuando (00.05). Saca un cartel que mantiene en la mano durante la grabación. Podría haberlo evitado y simplemente señalar una proyección detrás de ella, lo que le habría permitido seguir usando las dos manos para hablar. Probablemente pensara que era más efectivo mantenerlo en la mano, pero lo que consigue es despistar y dar una impresión chapucera, porque lo sujeta como si pesara mucho, ladeándolo. 





Usa la frase “empieza el cambio” repetidamente, en un recurso que funciona con dos o tres repeticiones, pero que aburre después de unas cuantas. Su voz es monótona, sin casi variaciones destacables. Tampoco se expresa con la sonrisa o la mirada, fijando la vista en el centro de la sala sin casi moverla. Fíjate en cómo dice “esperanza” o “ilusionante” (01.15, 01.17), parece que está hablando de algún desastre. Para transmitir convencimiento en lo que dice, necesita aumentar su entusiasmo al menos un 25%. 


Esta batalla de oratoria la gana claramente Manuel Chaves. Pero, ¿qué habría pasado si Ana Mato llevara 19 años presidiendo una comunidad autónoma? Va a haber que darle otra oportunidad…

jueves, 7 de febrero de 2008

Articulos de Javier Bernard - Oratoria

Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.






La batalla electoral de oratoria: Blanco vs Gallardón
por Javier Bernad (@javierbernad) 17/10/11

Por fin parece que Alberto Ruiz Gallardón tendría un lugar en el gobierno de España. Se ha rumoreado que sería como ministro de Fomento. Como parece que no está claro quién ocuparía ese puesto en un posible gobierno del PSOE, el lógico contrincante de Gallardón en  habilidades de hablar en público es el actual ministro de Fomento, José Blanco.

Gallardón aparece extremadamente seguro de sí mismo. Tal vez sea su característica política más destacada. Fíjate por ejemplo cómo soluciona sin inmutarse la interrupción de su charla en 01.12 en la intervención 1, cuando suena su teléfono. Parece que esté ensayando en el baño de su casa. Transmite seguridad, pero a la vez transmite un distanciamiento del público que no le ayuda mucho a caer simpático.


Esta separación de la audiencia ocurre a través de su falta total de expresión en la cara. No sonríe, ni mueve los músculos faciales más que para articular. Si quitas el sonido en la intervención 1, parece que está anunciando el número de víctimas de un terremoto, en lugar de su inclusión en las listas electorales. En 00.50 dice “me hace muchísima ilusión” completamente hierático. Seguro que se la hace, pero si no conocieras su historia no le creerías.

Tampoco le ayuda a parecer cercano su postura en la intervención 2. Aparece permanentemente escorado a la derecha. Apoyarte en un lado cuando estás hablando en público transmite que no te interesa demasiado tu audiencia, que estás ahí de casualidad. Contrasta con el momento en el que se yergue, en 03.50; de repente parece que te tiene en cuenta.


Además, casi no utiliza la inflexión de la voz. No cambia el volumen, ni la velocidad, ni el tono. Excepto en la intervención 2, cuando lee un documento y acelera (01.10).
Es divertido verle machacando el boli en la intervención 2. Da la impresión de que no estaba seguro de sus argumentos al contestar a las preguntas desde 01.40, y especialmente desde 02.19. Si descargas tu tensión masajeando un objeto, la audiencia va a percibir que estás nervioso, y que probablemente estés mintiendo: cuando cuentas trolas sabes que te pueden pillar y por tanto te muestras tenso, a no ser que seas un maestro del engaño. Su apariencia es perfecta, con un traje oscuro que realza su poder.

Blanco se expresa muy bien con la cara. Sonríe sin parar aunque el tema sea aburridísimo, o quizás por eso. Le gusta hablar en público y lo muestra inconscientemente bailando, mientras está sentado como en la intervención 1, o de pie como en la intervención 2. Ese baile despista, y su movimiento pasa de ser una manera de resaltar un punto a una distracción.  Cuando está de pie no solo baila, sino que bota.


Su ritmo es muy lento, quizá demasiado para mantener el interés. Le gusta separar las palabras incluso cuando están en la misma frase. La expresión es diáfana aunque a veces le falla la dicción. Maneja bien los cambios de tono, fíjate por ejemplo cómo lo hace en la intervención 2 de 03.16 a 03.25.


En la intervención 1 une las manos mientras habla, casi continuamente. Eso le resta expresividad, pero además transmite la sensación de que se está protegiendo de la audiencia. En la intervención 2, agarra el atril con frecuencia. Esto comunica la misma sensación de búsqueda de protección. Cuando hablas detrás de un atril, lo más aconsejable es no tocarlo. De ese modo aparecerás seguro de ti mismo: no necesitas la almena para parapetarte.
Lo que hace fatal, y lo hace con frecuencia, es usar el dedo índice a modo de discurso de dictador. Acuérdate de Chaplin en El Gran Dictador, es un gesto caricaturesco. En la intervención 2 en 01.05, 02.11, 02.22, 02.33. Su asesor de vestuario también elige bien, con colores oscuros en el traje que resaltan con la camisa clara.

Es difícil concluir quién de los dos lo hace mejor. Gallardón rebosa seguridad - excepto ante esas preguntas difíciles - , y Blanco comunica con mucha más expresividad. Si pudieran cambiarse cromos, los dos ganarían mucho. Pero no creo que hablen de estos temas entre ellos…

miércoles, 6 de febrero de 2008

Articulos de Javier Bernard - Oratoria


Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.




La batalla electoral de oratoria: Montoro vs Almunia
por Javier Bernad (@javierbernad) 30/09/11

Cristóbal Montoro es el coordinador del área de Economía del PP, y ya ha sido ministro de Hacienda, así que es probable que fuera el ministro de Hacienda en un posible gobierno del PP tras las elecciones. Joaquín Almunia es Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario Europeo de Competencia, y su nombre ha sonado para el cargo en un posible gobierno del PSOE. Aunque nunca se sabe lo que se cuece por dentro en los partidos, vamos a suponer que los dos son los candidatos para el puesto por cada uno de los dos partidos.


Cristóbal Montoro transmite confianza. Convence con su aspecto serio de profesor, con gafas rectangulares y poca expresión en la cara, sin cabida para dispersiones sobre el tema ni para sonrisas. Va al grano, y su lenguaje es didáctico. Su discurso es estructurado y claro. Si no sabes de economía, da gusto escuchar al menos el contenido.


Pero falla en muchas áreas de estilo. Por ejemplo, dice “eeeh” sin parar. En la intervención 1 en 00.11, 00.26, 00.33, 00.37, 00.45, 00.50, 01.03, etc. En la intervención 2 en 00.29, 00.33, 00.51, 00.58, etc. No pasan 15 segundos sin que incluya un relleno vocal. El efecto es que transmite mucho menos poder del que tiene. Si eres capaz de permanecer en silencio ese segundo en el que metes el relleno, no despistas a la audiencia y consigues involucrarla más en el contenido. 


Cristóbal Montoro 1 



En la intervención 1 mira a derecha e izquierda continuamente, sin fijar la mirada en nadie. Probablemente no se sintiera cómodo durante esa presentación, porque en la intervención 2 sí que fija la mirada en parte de la audiencia. Sin embargo, desdeña a su parte derecha en favor de la izquierda.


Cristóbal Montoro 2



Las manos agarran el atril, lo que restringe su capacidad de expresión aún más. Puedes ver la diferencia frente a los momentos en los que las usa (intervención 1: 00.29, 00.34, 00.55, 01.10, 01.20; intervención 2: 00.12, 00.18, 0038, 00.57) Aparece mucho más comunicativo cuando suelta el atril.


Su tono es monótono, no como el de un oremus pero muy lejos de un locutor vendiendo de madrugada en la teletienda. Su voz es profunda y convincente, y con algo de modulación mejoraría muchas millas. Va algo rápido e introduce pocas pausas, contribuyendo a la sensación de ducha de información que consigue con los rellenos vocales. 


Joaquín Almunia tiene una capacidad asombrosa de mantener la sonrisa. Es un gesto algo torcido de abajo arriba de derecha a izquierda. Se nota mucho más en la intervención 1. Está hablando de la crisis griega, pero parece que habla de su verano en el chiringuito de la playa con los amigos. Consigue caerte simpático, aunque después de reflexionar sobre su charla probablemente tengas ganas de haberle preguntado de qué se sonreía. En dos ocasiones casi se ríe (01.00, 01.20) su mensaje es optimista (todos podemos arreglar el problema juntos), así que asumo que no es un tic y que si estuviera muy triste no sonreiría. La expresión de la cara es muy buena, mira como habla con la frente y los ojos en 01.09.


Joaquín Almunia 1



Las variaciones de tono, volumen y velocidad añaden interés al discurso (tono: 00.19, 00.28; velocidad: 00.53, aunque a veces no vocaliza bien; volumen: 00.15, 00.25, 00.44, 01.10, 01.39) casi no utiliza las manos para expresarse. En 00.30 por ejemplo usa una y se nota claramente la diferencia.


La intervención 2 es leída, menos al final de la grabación. No hay casi nadie en la sala, así que probablemente no estuviera muy motivado para hacerlo sin leer. Se atora en 01.27 y 01.38, igual quiso matar a algún ayudante escritor después del discurso. Hace pausas continuamente, y mira al público levantando la vista del papel. La verdad es que lee muy bien. Después brilla cuando le hacen preguntas (03.30), cuando muestra el mismo desparpajo que en la intervención 1, respondiendo despacio y con su sonrisa transversal.


Joaquín Almunia 2



Este duelo lo gana claramente Joaquín Almunia. Pero Cristóbal Montoro tiene un potencial enorme: lo que hay que corregir de su oratoria tiene que ver con el estilo, que es lo más sencillo de conseguir. Lo difícil es saber de economía…

martes, 5 de febrero de 2008

Articulos de Javier Bernard


Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.





La batalla electoral de oratoria 2: Esperanza Aguirre vs Elena Valenciano

por Javier Bernad (@javierbernad) 09/09/11



Esperanza Aguirre parece que ha dejado ver su interés por la cartera de Exteriores en un posible gobierno del PP. No es de extrañar, habla muy bien inglés y sabe estar en cualquier entorno, como demuestra su carrera política. Por su parte, Elena Valenciano es la secretaria de política internacional del PSOE, así que es probable que fuera ministra de Exteriores en un posible gobierno de Rubalcaba.

¿Qué tal lo hacen hablando en público?


Elena Valenciano hace algo muy bien: parece que está en un telediario. Como presentadora de informativos sería fantástica. Las dos intervenciones que analizamos están bien preparadas. Lee pero no línea a línea, casi como si lo hiciera desde un autocue. Fíjate por ejemplo en el final de la intervención 1, en 02.52. Termina igual que si estuviera dando paso al vídeo de la noticia. Lo malo es que le quita toda naturalidad a lo que dice. Su tono es algo monótono, incluso cuando remarca algún punto con la expresión de la cara y asintiendo con la cabeza, cosa que hace muy bien (en intervención 2: 00.45, 01.00, 01.42).





Imagina que dice lo de tres culpables y un inocente (intervención 1: 01.07) con otro tono. Tendría a la audiencia agarrada completamente, porque el mensaje es muy impactante y la construcción es original. Daría hasta para hacer una película. A veces lo hace bien, cambiando el tono por ejemplo en la intervención 1: 01.49, o en la intervención 2: 00.17. También varía el volumen en ésta en 01.42. Pero es muy poco, y la audiencia se duerme. Maneja bien la mirada cuando está frente a varias cámaras, como en la intervención 2, alternando entre todas y fijando la vista unos segundos en cada una.





Otra cosa que cambiaría es su postura en el atril. Cuando empieza a hablar en la intervención 1 está reclinada en él como en la barra de un bar. Pierde la oportunidad de comunicar más autoridad con una postura erguida y bien plantada sobre los dos pies. 

Y definitivamente haría algo con su peinado, que resulta atractivo por lo natural, pero que se le cae sobre la cara continuamente, lo que le lleva a recolocárselo sin parar. Al final, estás más atento a su pelo cayendo sobre el ojo derecho que a lo que dice.  

Aparte del pelo, su apariencia está muy cuidada, con colores poderosos como el gris oscuro, y el blanco (para ellas). 


Esperanza Aguirre, por el contrario, maneja la inflexión de la voz a la perfección. Échale un ojo a la intervención 2, desde 00.10 hasta 00.28. Este tramo es una joya si quieres aprender a variar el tono, el volumen, y la velocidad para hacer un discurso interesante. Lo incluye todo en 15 segundos. Podría exagerar más el volumen, por ejemplo, pero no sería natural.





Mira cómo lo cambia también la inflexión en la intervención 1, variando el tono de agudo (00.52, 01.30, 02.10) a grave (02.09, 02.24), variando el volumen arriba (02.12), y abajo (00.46, 01.04, 01.18), y alternando la velocidad de más rápido (02.22) a más lento (01.15, 03.05).





Sujeta sus notas con una mano (intervención 1), usando la otra para gesticular. Aunque a veces emplea las dos para agarrar su cuaderno, lo que le resta expresividad (01.39). Antes de agarrar sus notas, usa el gesto de la pagoda, uniendo las manos solo por las puntas de los dedos, un gesto que transmite poder (00.06, 00.25). Muchos políticos lo utilizan – es casi seguro que se lo han enseñado, es un truco del sector, igual que los chatarreros gritan y los vigilantes de seguridad te llaman “caballero”. 


Su apariencia es excelente, con colores poderosos para las mujeres como el morado o el negro, este último traje con un floripondio que dirige la atención sobre el rostro. 

Si tuviera que cambiar algo en Esperanza Aguirre sería la dicción. En demasiadas ocasiones pronuncia permitiéndose ese deje de madrileña castiza que le quita autoridad: “ciudanos” (00.17, 00.35), “publiciá” (01.03), “trahporte” (01.10), “euroh” (02.42). También incluye algún relleno vocal, “eeeh”, en 00.24, 01.23, y 03.27. 

Me parece que la ganadora de este envite imaginario es claramente Esperanza Aguirre. Sería muy interesante verlas debatiendo en la realidad, igual si ambas superan sus limitaciones de oratoria no estaría tan claro quién iba a ganar.

lunes, 4 de febrero de 2008

Artículos Javier Bernard


Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.



La batalla electoral de oratoria 1: Rajoy vs Rubalcaba

por Javier Bernad (@javierbernad) 05/09/11

Las elecciones se deciden en las urnas sí, pero las urnas las deciden sobre todo la comunicación de la que son capaces los candidatos. Siempre que hablemos de los grandes partidos, claro, y que la situación no esté tan desequilibrada como ahora, cuando todos sabemos quién va a ganar aunque el otro partido tuviera a George Clooney de candidato a presidente del gobierno. Pero piensa en una situación como
la de los primeros 90, cuando Clinton ganó a Bush padre. Bush no había hecho nada realmente mal, pero Clinton le daba mil vueltas en capacidad de comunicación. O en Nixon versus Kennedy, cuando este se lo comió con patatas. Más cercano, compara el carisma hablando de Felipe González frente a Manuel Fraga en 1982.

Así que aquí vamos a debatir la batalla electoral oral: ¿quién gana hablando en público? Empezamos por los jefes, Rajoy frente a Rubalcaba.

Para analizarlos les damos dos oportunidades, una en un entorno formal como el Congreso, y otra en uno más relajado, como una rueda de prensa.

Rajoy está mucho más suelto en una rueda de prensa, casi siempre. Se le da bien improvisar. En el Congreso suele leer demasiado sus notas, y su inflexión vocal es más mitinera. ¿Qué hace muy bien? Demuestra una seguridad a prueba de dardos oratorios, y estructura muy bien su discurso. Por ejemplo en esta intervención en rueda de prensa, organiza su intervención con la modalidad de comparación (hasta 00.38) y contraste (desde entonces): compara lo que hace su adversario, y contrasta con lo que él piensa.



En el Congreso, a pesar de estar más encorsetado por su discurso preparado, su tono es más ameno que en la rueda de prensa, donde parece que no cambia de timbre. Mira cómo varía el tono en el Congreso por ejemplo en 00.35. Sin embargo en el otro escenario se arranca y no para, manteniendo el mando de agudos y graves justo en el medio, como cuando tienes un ecualizador estropeado en el coche. Sí que usa bien el ritmo, ralentizando de vez en cuando (01.18 en la rueda de prensa, 01.54 en el Congreso) e introduciendo pausas para resaltar puntos clave.



Rajoy sonríe muy poco. Le vendría bien echarse unas cuantas sonrisas, para compensar la seriedad que transmite con su barba, porque además él es una persona afable. Y casi no altera la expresión de la cara, fíjate en lo diferente que aparece cuando lo hace: 01.13 en la rueda de prensa.

Lo más llamativo de Rajoy es su movimiento de manos. Solo en contadas ocasiones utiliza las dos manos a la vez para gesticular. El resto del tiempo, mueve solo una de ellas, utilizándola como un martillo golpeando de arriba abajo. Está remarcando sus puntos, pero la impresión al hacerlo con tanta frecuencia es la de estar viendo a un profesor enfadado, lo que tampoco le viene muy bien para comunicar cercanía (en el Congreso: 00.28, 00.40, 00.57, 01.16, 01.22, etc; en la rueda de prensa: 00., 01.18). Y después de la quinta vez que lo hace, pasa de ser profesor enfadado a profesor pesado. Cuando usa las dos manos, la percepción es diferente: explicar frente a imponer. Por ejemplo, en 02.14 en el Congreso, o en 00.31 en la rueda de prensa.

Rajoy mira al tuntún en el Congreso. A todos y a nadie, sin fijar la vista más de un par de segundos en ningún área de la sala. Si no fijas la mirada en las personas, te va a costar mucho más transmitir que te gustan y que estás convencido de tu mensaje. Sin embargo, en la rueda de prensa lo hace muy bien. Mira al periodista que le hace la pregunta, pero también al resto sin excluirles de la respuesta.

El vestuario elegido para la ponencia del Congreso tal vez no sea el mejor para transmitir autoridad. Los colores pastel son adecuados para entornos relajados, como una merendola en el campo, pero no para decir que quieres ser el próximo presidente del gobierno (incluso aunque el traje sea color azul banquillo del gobierno). Compara su apariencia entonces con la de esta intervención,



donde usa colores oscuros, o esta, incluso sin corbata:



Rubalcaba es un hacha de la oratoria afilada. Siempre tiene una respuesta precisa para sacar de quicio a su adversario, aunque también puede deambular por su intervención. En el Congreso, aunque no habla desde la tribuna, exhibe una sonrisa cautivadora de niño malo en 00.22, y su expresión facial es amena, utilizando la frente con profusión por ejemplo en 01.30. En la rueda de prensa también sonríe, 00.04, 00.48. Incluso hablando de un tema serio, casi siempre hay lugar para decir con la sonrisa que eres alguien cercano. Aunque solo sea para transmitir condolencia, u optimismo en un entorno de preocupación.



Además, domina la expresión oral controlando bien los botones del ritmo y el tono. Maneja muy bien las pausas, por ejemplo en la rueda de prensa en 00.44, 00.15, y 00.42. Es entretenido escuchar su voz, seguramente es un contertulio muy ameno para una sobremesa. En su respuesta en el Congreso estructura bien su discurso, basando su intervención en datos.

Como Rajoy, no mira a nadie en la rueda de prensa. En el Congreso mira a la persona a la que está respondiendo, en lugar de dirigirse también al resto de la cámara, lo que ayudaría a involucrarles a su favor. De vez en cuando mira al suelo cuando está pensando en lo siguiente que va a decir, lo que tampoco ayuda trasmitir seguridad.

Lo peor de Rubalcaba hablando en público es el uso de las manos. Tiene el tic de agarrarse los dedos de la mano contraria a la altura del ombligo. Esto dice dos cosas: que no se siente del todo seguro porque está protegiéndose de algo, tapándose el torso, o que nos está contando una trola porque está descargando su tensión a través de las manos. De cualquier modo, es mucho mejor dejar que las manos hablen sin impedimentos, como hace por ejemplo en la rueda de prensa en 00.19, 00.32, o 01.21, o en el Congreso en 01.01 y 01.44.



Rubalcaba tiene otro tic que seguro has detectado alguna vez. Pestañea con mucha frecuencia, y cuando está nervioso más todavía. Normalmente pestañeamos de seis a ocho veces por minuto, excepto cuando estamos bajo presión. Como por ejemplo cuando estamos mintiendo. Aunque no esté mintiendo, la audiencia tiende a interpretarlo así, lo que no le viene nada bien a su fama de Maquiavelo.

En entusiasmo, Rajoy está claramente por delante. Pero ninguno de los dos habla como para encender a las masas. No les vendría mal una charla con Gadafi, o con cualquier otro dictador que lleve unos años en el puesto, para aprender un par de trucos para enfervorizar.

¿Quién gana esta batalla de oratoria? Tú decides. A mí me parece que Rubalcaba está unos cuantos puntos por delante, pero no creo que le valga de mucho en la otra batalla, tal como están las cosas.

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