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viernes, 8 de febrero de 2008

La batalla electoral de oratoria 5: Chaves contra Mato

La batalla electoral de oratoria 5: Chaves contra Mato

por Javier Bernad (@javierbernad) 16/11/11



Las encuestas cada vez ofrecen resultados más claros sobre quién va a ganar las elecciones del próximo domingo, pero nuestra batalla electoral de oratoria continua sin un claro ganador. 


Manuel Chaves es el actual ministro de administración pública, y Ana Mato suena como candidata a ese puesto en un posible gobierno del PP. ¿Quién habla mejor en público?


Manuel Chaves tiene una carrera política que le ha dado infinidad de oportunidades de practicar hablando en público, y se nota. Le han enseñado por ejemplo a hacer el signo de la pagoda, que transmite poder y dominio (03.42) al juntar las manos. También le han enseñado a modular la voz de maravilla, con un uso magistral de las variaciones de tono (03.01, 03.21), volumen (06.26, 07.03), y velocidad (06.48). Las manos las utiliza para aumentar su expresividad, aunque a veces señala con el índice, en un toque dictatorial que sobra (06.15). Se agarra en ocasiones al atril (03.52); fíjate en la diferencia de apariencia cuando gesticula alejado del atril (05.58).





Lo que claramente mejoraría su expresión es la postura. Cuando se le ve de cuerpo entero apoya el peso más en una cadera (03.02, 05.23), lo que transmite dejadez o que no le interesa demasiado el público. 


Ana Mato aparece bien plantada detrás del atril. También cambia el peso de cadera de vez en cuando (00.05). Saca un cartel que mantiene en la mano durante la grabación. Podría haberlo evitado y simplemente señalar una proyección detrás de ella, lo que le habría permitido seguir usando las dos manos para hablar. Probablemente pensara que era más efectivo mantenerlo en la mano, pero lo que consigue es despistar y dar una impresión chapucera, porque lo sujeta como si pesara mucho, ladeándolo. 





Usa la frase “empieza el cambio” repetidamente, en un recurso que funciona con dos o tres repeticiones, pero que aburre después de unas cuantas. Su voz es monótona, sin casi variaciones destacables. Tampoco se expresa con la sonrisa o la mirada, fijando la vista en el centro de la sala sin casi moverla. Fíjate en cómo dice “esperanza” o “ilusionante” (01.15, 01.17), parece que está hablando de algún desastre. Para transmitir convencimiento en lo que dice, necesita aumentar su entusiasmo al menos un 25%. 


Esta batalla de oratoria la gana claramente Manuel Chaves. Pero, ¿qué habría pasado si Ana Mato llevara 19 años presidiendo una comunidad autónoma? Va a haber que darle otra oportunidad…

martes, 5 de febrero de 2008

Articulos de Javier Bernard


Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.





La batalla electoral de oratoria 2: Esperanza Aguirre vs Elena Valenciano

por Javier Bernad (@javierbernad) 09/09/11



Esperanza Aguirre parece que ha dejado ver su interés por la cartera de Exteriores en un posible gobierno del PP. No es de extrañar, habla muy bien inglés y sabe estar en cualquier entorno, como demuestra su carrera política. Por su parte, Elena Valenciano es la secretaria de política internacional del PSOE, así que es probable que fuera ministra de Exteriores en un posible gobierno de Rubalcaba.

¿Qué tal lo hacen hablando en público?


Elena Valenciano hace algo muy bien: parece que está en un telediario. Como presentadora de informativos sería fantástica. Las dos intervenciones que analizamos están bien preparadas. Lee pero no línea a línea, casi como si lo hiciera desde un autocue. Fíjate por ejemplo en el final de la intervención 1, en 02.52. Termina igual que si estuviera dando paso al vídeo de la noticia. Lo malo es que le quita toda naturalidad a lo que dice. Su tono es algo monótono, incluso cuando remarca algún punto con la expresión de la cara y asintiendo con la cabeza, cosa que hace muy bien (en intervención 2: 00.45, 01.00, 01.42).





Imagina que dice lo de tres culpables y un inocente (intervención 1: 01.07) con otro tono. Tendría a la audiencia agarrada completamente, porque el mensaje es muy impactante y la construcción es original. Daría hasta para hacer una película. A veces lo hace bien, cambiando el tono por ejemplo en la intervención 1: 01.49, o en la intervención 2: 00.17. También varía el volumen en ésta en 01.42. Pero es muy poco, y la audiencia se duerme. Maneja bien la mirada cuando está frente a varias cámaras, como en la intervención 2, alternando entre todas y fijando la vista unos segundos en cada una.





Otra cosa que cambiaría es su postura en el atril. Cuando empieza a hablar en la intervención 1 está reclinada en él como en la barra de un bar. Pierde la oportunidad de comunicar más autoridad con una postura erguida y bien plantada sobre los dos pies. 

Y definitivamente haría algo con su peinado, que resulta atractivo por lo natural, pero que se le cae sobre la cara continuamente, lo que le lleva a recolocárselo sin parar. Al final, estás más atento a su pelo cayendo sobre el ojo derecho que a lo que dice.  

Aparte del pelo, su apariencia está muy cuidada, con colores poderosos como el gris oscuro, y el blanco (para ellas). 


Esperanza Aguirre, por el contrario, maneja la inflexión de la voz a la perfección. Échale un ojo a la intervención 2, desde 00.10 hasta 00.28. Este tramo es una joya si quieres aprender a variar el tono, el volumen, y la velocidad para hacer un discurso interesante. Lo incluye todo en 15 segundos. Podría exagerar más el volumen, por ejemplo, pero no sería natural.





Mira cómo lo cambia también la inflexión en la intervención 1, variando el tono de agudo (00.52, 01.30, 02.10) a grave (02.09, 02.24), variando el volumen arriba (02.12), y abajo (00.46, 01.04, 01.18), y alternando la velocidad de más rápido (02.22) a más lento (01.15, 03.05).





Sujeta sus notas con una mano (intervención 1), usando la otra para gesticular. Aunque a veces emplea las dos para agarrar su cuaderno, lo que le resta expresividad (01.39). Antes de agarrar sus notas, usa el gesto de la pagoda, uniendo las manos solo por las puntas de los dedos, un gesto que transmite poder (00.06, 00.25). Muchos políticos lo utilizan – es casi seguro que se lo han enseñado, es un truco del sector, igual que los chatarreros gritan y los vigilantes de seguridad te llaman “caballero”. 


Su apariencia es excelente, con colores poderosos para las mujeres como el morado o el negro, este último traje con un floripondio que dirige la atención sobre el rostro. 

Si tuviera que cambiar algo en Esperanza Aguirre sería la dicción. En demasiadas ocasiones pronuncia permitiéndose ese deje de madrileña castiza que le quita autoridad: “ciudanos” (00.17, 00.35), “publiciá” (01.03), “trahporte” (01.10), “euroh” (02.42). También incluye algún relleno vocal, “eeeh”, en 00.24, 01.23, y 03.27. 

Me parece que la ganadora de este envite imaginario es claramente Esperanza Aguirre. Sería muy interesante verlas debatiendo en la realidad, igual si ambas superan sus limitaciones de oratoria no estaría tan claro quién iba a ganar.

lunes, 4 de febrero de 2008

Artículos Javier Bernard


Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.



La batalla electoral de oratoria 1: Rajoy vs Rubalcaba

por Javier Bernad (@javierbernad) 05/09/11

Las elecciones se deciden en las urnas sí, pero las urnas las deciden sobre todo la comunicación de la que son capaces los candidatos. Siempre que hablemos de los grandes partidos, claro, y que la situación no esté tan desequilibrada como ahora, cuando todos sabemos quién va a ganar aunque el otro partido tuviera a George Clooney de candidato a presidente del gobierno. Pero piensa en una situación como
la de los primeros 90, cuando Clinton ganó a Bush padre. Bush no había hecho nada realmente mal, pero Clinton le daba mil vueltas en capacidad de comunicación. O en Nixon versus Kennedy, cuando este se lo comió con patatas. Más cercano, compara el carisma hablando de Felipe González frente a Manuel Fraga en 1982.

Así que aquí vamos a debatir la batalla electoral oral: ¿quién gana hablando en público? Empezamos por los jefes, Rajoy frente a Rubalcaba.

Para analizarlos les damos dos oportunidades, una en un entorno formal como el Congreso, y otra en uno más relajado, como una rueda de prensa.

Rajoy está mucho más suelto en una rueda de prensa, casi siempre. Se le da bien improvisar. En el Congreso suele leer demasiado sus notas, y su inflexión vocal es más mitinera. ¿Qué hace muy bien? Demuestra una seguridad a prueba de dardos oratorios, y estructura muy bien su discurso. Por ejemplo en esta intervención en rueda de prensa, organiza su intervención con la modalidad de comparación (hasta 00.38) y contraste (desde entonces): compara lo que hace su adversario, y contrasta con lo que él piensa.



En el Congreso, a pesar de estar más encorsetado por su discurso preparado, su tono es más ameno que en la rueda de prensa, donde parece que no cambia de timbre. Mira cómo varía el tono en el Congreso por ejemplo en 00.35. Sin embargo en el otro escenario se arranca y no para, manteniendo el mando de agudos y graves justo en el medio, como cuando tienes un ecualizador estropeado en el coche. Sí que usa bien el ritmo, ralentizando de vez en cuando (01.18 en la rueda de prensa, 01.54 en el Congreso) e introduciendo pausas para resaltar puntos clave.



Rajoy sonríe muy poco. Le vendría bien echarse unas cuantas sonrisas, para compensar la seriedad que transmite con su barba, porque además él es una persona afable. Y casi no altera la expresión de la cara, fíjate en lo diferente que aparece cuando lo hace: 01.13 en la rueda de prensa.

Lo más llamativo de Rajoy es su movimiento de manos. Solo en contadas ocasiones utiliza las dos manos a la vez para gesticular. El resto del tiempo, mueve solo una de ellas, utilizándola como un martillo golpeando de arriba abajo. Está remarcando sus puntos, pero la impresión al hacerlo con tanta frecuencia es la de estar viendo a un profesor enfadado, lo que tampoco le viene muy bien para comunicar cercanía (en el Congreso: 00.28, 00.40, 00.57, 01.16, 01.22, etc; en la rueda de prensa: 00., 01.18). Y después de la quinta vez que lo hace, pasa de ser profesor enfadado a profesor pesado. Cuando usa las dos manos, la percepción es diferente: explicar frente a imponer. Por ejemplo, en 02.14 en el Congreso, o en 00.31 en la rueda de prensa.

Rajoy mira al tuntún en el Congreso. A todos y a nadie, sin fijar la vista más de un par de segundos en ningún área de la sala. Si no fijas la mirada en las personas, te va a costar mucho más transmitir que te gustan y que estás convencido de tu mensaje. Sin embargo, en la rueda de prensa lo hace muy bien. Mira al periodista que le hace la pregunta, pero también al resto sin excluirles de la respuesta.

El vestuario elegido para la ponencia del Congreso tal vez no sea el mejor para transmitir autoridad. Los colores pastel son adecuados para entornos relajados, como una merendola en el campo, pero no para decir que quieres ser el próximo presidente del gobierno (incluso aunque el traje sea color azul banquillo del gobierno). Compara su apariencia entonces con la de esta intervención,



donde usa colores oscuros, o esta, incluso sin corbata:



Rubalcaba es un hacha de la oratoria afilada. Siempre tiene una respuesta precisa para sacar de quicio a su adversario, aunque también puede deambular por su intervención. En el Congreso, aunque no habla desde la tribuna, exhibe una sonrisa cautivadora de niño malo en 00.22, y su expresión facial es amena, utilizando la frente con profusión por ejemplo en 01.30. En la rueda de prensa también sonríe, 00.04, 00.48. Incluso hablando de un tema serio, casi siempre hay lugar para decir con la sonrisa que eres alguien cercano. Aunque solo sea para transmitir condolencia, u optimismo en un entorno de preocupación.



Además, domina la expresión oral controlando bien los botones del ritmo y el tono. Maneja muy bien las pausas, por ejemplo en la rueda de prensa en 00.44, 00.15, y 00.42. Es entretenido escuchar su voz, seguramente es un contertulio muy ameno para una sobremesa. En su respuesta en el Congreso estructura bien su discurso, basando su intervención en datos.

Como Rajoy, no mira a nadie en la rueda de prensa. En el Congreso mira a la persona a la que está respondiendo, en lugar de dirigirse también al resto de la cámara, lo que ayudaría a involucrarles a su favor. De vez en cuando mira al suelo cuando está pensando en lo siguiente que va a decir, lo que tampoco ayuda trasmitir seguridad.

Lo peor de Rubalcaba hablando en público es el uso de las manos. Tiene el tic de agarrarse los dedos de la mano contraria a la altura del ombligo. Esto dice dos cosas: que no se siente del todo seguro porque está protegiéndose de algo, tapándose el torso, o que nos está contando una trola porque está descargando su tensión a través de las manos. De cualquier modo, es mucho mejor dejar que las manos hablen sin impedimentos, como hace por ejemplo en la rueda de prensa en 00.19, 00.32, o 01.21, o en el Congreso en 01.01 y 01.44.



Rubalcaba tiene otro tic que seguro has detectado alguna vez. Pestañea con mucha frecuencia, y cuando está nervioso más todavía. Normalmente pestañeamos de seis a ocho veces por minuto, excepto cuando estamos bajo presión. Como por ejemplo cuando estamos mintiendo. Aunque no esté mintiendo, la audiencia tiende a interpretarlo así, lo que no le viene nada bien a su fama de Maquiavelo.

En entusiasmo, Rajoy está claramente por delante. Pero ninguno de los dos habla como para encender a las masas. No les vendría mal una charla con Gadafi, o con cualquier otro dictador que lleve unos años en el puesto, para aprender un par de trucos para enfervorizar.

¿Quién gana esta batalla de oratoria? Tú decides. A mí me parece que Rubalcaba está unos cuantos puntos por delante, pero no creo que le valga de mucho en la otra batalla, tal como están las cosas.

domingo, 3 de febrero de 2008

Articulos de Javier Benard

Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.
 
 

Paul Ryan la última estrella del partido republicano(EEUU)   
por Javier Bernad (@javierbernad) 18/08/11

Paul Ryan es la última estrella en apuntarse al carro de candidatos al puesto de aspirante a presidente por parte del partido republicano americano. Tiene la ventaja de que es muy joven, 41 años – Kennedy tenía 43 cuando accedió a la presidencia. Además, no es del sur como el resto, sino de Wisconsin, y eso le da otro aire. Y no tiene ni barriga ni muchas canas.

Obama está fatal en popularidad, pero a pesar de que ha puesto la deuda del país por las nubes y que probablemente haya empeorado la crisis, al público se le hace la boca agua con sus discursos. Y si no sabes mucho de GDP, ni manejas los trillones con fluidez en tu mente, ni conoces cómo se construye el rating de las agencias, igual piensas que la crisis pasará y que no es culpa de Obama, que tiene tan buena pinta y habla tan bien y con tanto cliché optimista.

Así que Ryan pega duro con lo que más puede hacer que destaque entre el resto de candidatos por ahora. Habla muy bien en público. Aquí tienes un discurso reciente, a ver qué te parece.



¿Qué hace muy bien? Para empezar, muestra una seguridad aplastante. No usa notas en un discurso complicado de siete minutos, y se asegura de mirar a todo el auditorio (05.02).

Su inflexión vocal es muy buena: domina todos los controles con precisión. Alterna volumen alto (00.59, 02.26), y menos alto (02.55, 03.10, 04.20 – este último tramo cuando habla de cómo va a mantener el la asistencia médica para los mayores, para que no se solivianten). También varía la velocidad, acelerando (01.53, 02.45, 03.20), y ralentizando (01.18, 02.59). Y cambia el tono para reforzar puntos clave (00.45 “have”, 01.20 “nothing”). Además, lleva un control perfecto de las pausas (01.02, 02.26).

Sus gestos remarcan lo que quiere destacar (00.54 señalando al chart sin mirarlo), moviendo los brazos con eficacia (01.12, 02.24).

Y deja claro cuál es su mensaje: es un problema de déficit, pero de déficit de liderazgo. Lo dice al principio (01.05), y al final (06.19), para que no se nos olvide.

¿Qué podría haber hecho mejor? Su expresión es algo hierática, no aparece tan simpático como Obama. Casi no sonríe, y Obama sonríe un montón.

Utiliza unos charts que despistan porque no se ven bien, igual que los candidatos en los debates en España. Una pena porque no valen para nada. Mucho mejor colocar un solo número, por ejemplo. Además, él se descoloca cuando los enseña. Agarra el micrófono (00.07, 05.20), se le va la voz (00.35, 05.10), y se cruza de brazos al mirarlo (00.40), igual porque tampoco él estaba convencido sobre si usarlos o no.

Se agarra al atril a veces (02.34, 02.45, 03.08, 04.23). Esto hace que gesticule menos, y que se oiga al golpe en el atril a través del micrófono – esto también lo hace Obama (03.27, 04.36). Fíjate en la diferencia cuando no toca el atril, sus brazos se mueven más y se expresa mejor (00.22, 03.42, 05.28, 05.44).

¿Será el próximo presidente de los Estados Unidos? Igual si consigue atraer a los más conservadores del partido, si la política económica de ahora sigue sin dar resultados, y si Obama se queda ronco en la campaña electoral, tiene alguna posibilidad. Buena suerte.

sábado, 2 de febrero de 2008

Artículos Javier Bernad

Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.
Lenguaje no verbal de Carmen Chacón anunciando la renuncia a las primarias del PSOE, por Javier Bernad (@javierbernad) 
31/05/11

Carmen Chacón tiene razones para estar nerviosa cuando da a conocer su decisión sobre su candidatura a llevar al PSOE a hacer un buen papel en las próximas elecciones generales (video). Bien porque le hayan empujado cordialmente a hacerlo, porque realmente no quiera dañar la imagen del partido con rencillas públicas, o porque haya preferido apartarse del follón y esperar a tener una oportunidad real, el papelón de anunciar su renuncia a algo que estaba ya en la mente de todos no es sencillo.

Así que hace un comunicado con el que sabe que va a dar pie a cualquiera de estas interpretaciones, y que probablemente no haga mucho bien a su carrera a corto plazo.

El contenido está lleno de dardos a los que han causado su renuncia, dejando claro que su proyecto “habría” cambiado las cosas. Es decir, que los que vengan en su lugar igual no hacen todo lo bueno que ella tenía planeado hacer. Deja claros cuatro puntos que le hacen tomar su decisión, y los enumera con los dedos, lo que nos ayuda a seguirla (03.40).

Aparece con la expresión seria y con gestos forzados. Esto transmite de todo menos confianza en sí misma. Podría habérselo tomado de una manera más deportiva, aunque probablemente no jovial, para comunicar seguridad absoluta en sus posibilidades por encima de las circunstancias. Ahora seguro que más de uno piensa en su debilidad como futura candidata.


Fíjate en cómo acaricia continuamente el atril con el pulgar de la mano derecha desde que empieza a hablar (00.03, 00.31, 02.51, 05.38, 05.56, 11.11). Está descargando su tensión a través de los dedos. Los pocos gestos que utiliza aparecen poco naturales (por ejemplo en 01.52, 01.55, 02.12, 02.33, 04.06, 04.24, 04.36, 04.48), como si se los hubiera preparado para remarcar algún punto.

El pelo que se le descuelga continuamente sobre la cara distrae: la audiencia se pregunta por qué no se pone una pinza o se hace una permanente.

Su elección de vestuario es perfecta, con un traje oscuro que contrasta con la camiseta blanca, y un broche grande que atrae la atención sobre su cara.

Al final se crece y el discurso aparece menos leído o memorizado. Incluso desde 04.59 emplea el gesto del tejado con las manos, uniendo las puntas de los dedos, que denota autoridad y transmite dominio de la situación. En la versión más larga de la comparecencia se puede ver como esponde a las preguntas con seguridad, a alguna periodista le dice “como le digo” (08.34), es decir, que no te has enterado de lo que he dicho o qué. No puede evitar jugar con el boli (desde 08.44) para descargar tensión. Las preguntas la arrinconan, pero sale airosa aunque se tambalea en 13.20, y se escapa con sutileza en 14.55.















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