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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Frases entrecortadas

"Parece que está recitando un soneto que no rima"
por Javier Bernad (@javierbernad) 29/12/11

Zapatero habrá sido mejor o peor presidente del gobierno, dependiendo de tu visión del mundo, pero su uso de la oratoria deja bastante que desear. Ya hemos hablado de sus manos unidas continuamente frente al ombligo, y de su baile tras el atril, además de que lo agarra a modo de parapeto. Su sonrisa, excelente y su rasgo más característico, que le ha atraído tantas simpatías.

Una cosa destaca sobre todas en su oratoria: sus frases entrecortadas. Seguro que te habrás fijado, pero lo puedes comprobar aquí, al principio de la intervención:



“…que ha sufrido
un fuerte
deterioro
en su respaldo
popular”

Parece que está recitando un soneto que no rima. Imagino que lo hará así porque se ve a sí mismo como más sofisticado, considerando las palabras una a una como si estuviera componiendo una nueva Constitución. Si quieres hablar realmente despacio, lo suyo es entrecortar el discurso en frases, no en palabras. La mente del español medio es lo suficientemente rápida como para entender unas cuantas frases seguidas, siempre que no estés hablando de la física de los agujeros negros. De hecho, si alguna vez lees un discurso, dividirlo en frases funciona bien y te permite no tenerlo que memorizar.

¿Qué es lo que piensa la audiencia cuando le entrecortas las frases en segmentos de palabras sin tener nada que ver con la puntuación?

1. Que eres lerdo y no sabes hilar una frase de 10 palabras. De otro modo, ¿por qué le puede costar tanto a este señor decir una frase seguida sin parar, como si le estuviera dando un huracán en la boca? Igual es que en su clase en el colegio había un serio problema de disciplina y no paraban de hablar, con lo que había que buscar el hueco entre el vocerío cuando presentaba su trabajo de geografía.

2. Que les estás aburriendo. Si hablas tan despacio vas a tener el mismo éxito de taquilla que el cine francés. Como decía Woody Allen, es tan emocionante como ver crecer una flor.

3. Que eres un pretencioso. Te las quieres dar de sofisticado y acaricias las palabras como si cada una fuera una joya de la oratoria a no olvidar. Pero los genios precisamente hablan a borbotones por lo general. Mira a Orson Welles, Richard Feynman, o Salvador Dalí.

4. Que igual piensas que son tontos y no pueden entender las frases de más de tres palabras. Así que les ayudas con un ritmo más lento, para que los pobrecillos puedan entender tu elevado discurso. Claro que el efecto es el contrario. Cuando te quieres hacer el importante, el público te ve exactamente al revés. Si hablas de tu coche nuevo antes de que lo vean, probablemente te tachen de fatuo. Si lo ven y no les has hablado de ello, alabarán tu discreción.

5. Que no tienes ni idea de qué decir y te lo estás inventando sobre la marcha, así que vas muy despacio para que te dé tiempo a inventar el siguiente sinsentido. Es muy posible que, en ocasiones, este fuera el caso del ex presidente del gobierno. La improvisación requiere pescar en la memoria a largo plazo conceptos, que puedes también mezclar con solo una apariencia de orden. Si los sueltas muy despacio parece que lo que estás contando es realmente profundo y difícil de entender.

Si te toca improvisar un discurso, o hablar de algo sofisticado, simplemente sé coloquial. Habla como hablarías con tus amigos en el bar. No pretendas hacerte el importante con frases entrecortadas, porque te van a pillar. Puedes hablar despacio para remarcar  un punto, pero no cortes todas las frases. Después de ocho años de oratoria presidencial, te clasificarían enseguida.

domingo, 3 de febrero de 2008

Articulos de Javier Benard

Javier Bernad
CEO Speak & Span
Madrid

Temática: Oratoria política.

Licenciado en Administración de Empresas y Derecho por ICADE. Ha sido CEO de MediaCom España, director general de Mediaedge&cia y es profesor en la Universidad Europea de Madrid.
 
 

Paul Ryan la última estrella del partido republicano(EEUU)   
por Javier Bernad (@javierbernad) 18/08/11

Paul Ryan es la última estrella en apuntarse al carro de candidatos al puesto de aspirante a presidente por parte del partido republicano americano. Tiene la ventaja de que es muy joven, 41 años – Kennedy tenía 43 cuando accedió a la presidencia. Además, no es del sur como el resto, sino de Wisconsin, y eso le da otro aire. Y no tiene ni barriga ni muchas canas.

Obama está fatal en popularidad, pero a pesar de que ha puesto la deuda del país por las nubes y que probablemente haya empeorado la crisis, al público se le hace la boca agua con sus discursos. Y si no sabes mucho de GDP, ni manejas los trillones con fluidez en tu mente, ni conoces cómo se construye el rating de las agencias, igual piensas que la crisis pasará y que no es culpa de Obama, que tiene tan buena pinta y habla tan bien y con tanto cliché optimista.

Así que Ryan pega duro con lo que más puede hacer que destaque entre el resto de candidatos por ahora. Habla muy bien en público. Aquí tienes un discurso reciente, a ver qué te parece.



¿Qué hace muy bien? Para empezar, muestra una seguridad aplastante. No usa notas en un discurso complicado de siete minutos, y se asegura de mirar a todo el auditorio (05.02).

Su inflexión vocal es muy buena: domina todos los controles con precisión. Alterna volumen alto (00.59, 02.26), y menos alto (02.55, 03.10, 04.20 – este último tramo cuando habla de cómo va a mantener el la asistencia médica para los mayores, para que no se solivianten). También varía la velocidad, acelerando (01.53, 02.45, 03.20), y ralentizando (01.18, 02.59). Y cambia el tono para reforzar puntos clave (00.45 “have”, 01.20 “nothing”). Además, lleva un control perfecto de las pausas (01.02, 02.26).

Sus gestos remarcan lo que quiere destacar (00.54 señalando al chart sin mirarlo), moviendo los brazos con eficacia (01.12, 02.24).

Y deja claro cuál es su mensaje: es un problema de déficit, pero de déficit de liderazgo. Lo dice al principio (01.05), y al final (06.19), para que no se nos olvide.

¿Qué podría haber hecho mejor? Su expresión es algo hierática, no aparece tan simpático como Obama. Casi no sonríe, y Obama sonríe un montón.

Utiliza unos charts que despistan porque no se ven bien, igual que los candidatos en los debates en España. Una pena porque no valen para nada. Mucho mejor colocar un solo número, por ejemplo. Además, él se descoloca cuando los enseña. Agarra el micrófono (00.07, 05.20), se le va la voz (00.35, 05.10), y se cruza de brazos al mirarlo (00.40), igual porque tampoco él estaba convencido sobre si usarlos o no.

Se agarra al atril a veces (02.34, 02.45, 03.08, 04.23). Esto hace que gesticule menos, y que se oiga al golpe en el atril a través del micrófono – esto también lo hace Obama (03.27, 04.36). Fíjate en la diferencia cuando no toca el atril, sus brazos se mueven más y se expresa mejor (00.22, 03.42, 05.28, 05.44).

¿Será el próximo presidente de los Estados Unidos? Igual si consigue atraer a los más conservadores del partido, si la política económica de ahora sigue sin dar resultados, y si Obama se queda ronco en la campaña electoral, tiene alguna posibilidad. Buena suerte.

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