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lunes, 9 de enero de 2012

Pedir un imposible

Pedir un imposible
por Esteban Martín (@EmartinP) 09/1/12


¿Sigue siendo verdad que la fe mueve montañas? He pasado las navidades en casa, en Motril, y por casualidad ha llegado a mis manos una postal navideña fechada en 2009. Esta ingenua carta, firmada por una motrileña, está dirigida a su majestad el Rey Gaspar. Cada año en Motril, un político local, un empresario local y una persona que haya colaborado con asociaciones cívicas, representan en la cabalgata a sus majestades los Reyes de Oriente. En esta particular postal navideña una buena suegra pide a un empresario local, que hizo las veces de rey Gaspar ese año, que dé trabajo a su yerno. Se excusa en nombre de la timidez de su yerno que no sea él mismo quien entregue la carta al rey mago. Y a continuación entramos en todo el rosario mágico-laboral de la Andalucía de hoy, de la Andalucía eterna, a saber: no duda en rebuscar en el árbol genealógico el parentesco más próximo de su familia con el rey mago/empresario. Y seguidamente, tatachán: ¡el Cristo del Gran Poder!

Esto podría quedar en una mera gracia o anécdota andaluza. Pero ¿qué es lo que hay al fondo? Sin duda al fondo aparece una nueva fe del pueblo andaluz en la capacidad que el empresario parece tener para transfigurar la obstinada realidad del desempleo en un cuento de navidad: un empleo. Hay un profundo convencimiento de que es el empresario quien crea riqueza y quien crea puestos de trabajo. La fe está puesta en los pequeños empresarios.

¡Lo que va de ayer a hoy!: del odio a la chistera y puro empresariales, hemos pasado a la fe en la energía creadora de la empresa. Me atrevo a sugerir que cada vez que los políticos hablen de empleo, se refieran explícitamente a los empresarios que lo crean. Facilidades reales para todo aquel que, en un momento de entusiasmo sobrio, se atreva a montar un nuevo negocio. Y por otro lado, facilidades reales a los empresarios ya consolidados para que les convenga más tener varios empleados que pagar horas extras a un único empleado.

En las pasadas elecciones el PP pidió un imposible a los españoles: confianza en una era de intensa desconfianza. Y ha vuelto a pedir otro imposible: que los españoles se rasquen aún más el bolsillo para pagar los excesos y la mala gestión política del gobierno anterior.

No hay alternativa si se quiere bajar el déficit. Pero también queremos bajar el número de desempleados. Y para ello no hay más alternativa que bajar los costes sociales. Entre lo impositivo y lo creativo empresarial hay en estos momentos un espacio en blanco representado gráficamente por la existencia de dos Ministerios, Economía y Hacienda, cuyos proyectos políticos se contradicen entre sí, en cierto modo.

Yo no deseo enconar verbalmente la situación pero sí deseo subrayar las dificultades que los empresarios tienen para sacar sus negocios adelante y, a la vez, crear empleo. En esto tienen los españoles puesta su nueva fe: en el imposible que puede hacerse posible, pero no con magias, sino con gestión eficiente.

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