Contra la trama estéril de los nacionalismo periféricos, la justa ira de Rosa Díez
En la cuna de la bohemia madrileña, del botellón y de la resistencia contra el francés, comenzó el acto de UPyD a las 12:30 de la mañana de un domingo gris-blanco. Eran ofensivas las dos botellas de cerveza vacías incrustadas en lo alto de la estatua de Daoiz y Velarde. Una gamberrada indigna, que el ayuntamiento debería corregir hoy mismo. En la popular plaza del 2 de mayo, donde se defendieron a sangre y fuego contra el ejército francés los madrileños, UPyD señaló el nuevo invasor de la democracia: el bipartidismo mediocre.
Vivimos en una situación de vulgaridad política. Estamos viviendo en una democracia incomprensible. Los dos grandes partidos no nos tranquilizan del todo. El PSOE por su gastado mensaje, y el PP, por su anticipada mayoría absolutísima. Dan la impresión de que nos van a atropellar. Por eso, una vez más, se hace necesario el apoyo a un partido nacional y trasversal como UPyD.
Abrió el acto Javier Capitán, que impersonó al ilustre simpatizante magenta, Mario Vargas Llosa. Es tal la capacidad mimética de Javier Capitán que sentimos todos la presencia física del Nobel de literatura. Tomó la palabra a continuación Carlos Gorriarán, quien, por cierto, está a punto de pasar, como en el subtítulo de su libro Movimientos cívicos, de la calle al Parlamento. ¡Three cheers for Gorriarán! Tras Álvaro Anchuelo e Irene Lozano, los allí congregados recibieron con el épico y ya célebre triple: ¡UPyD-UPyD-UPyD!, al ministro de agitación y propaganda del partido, el siempre incomprendido y vociferante Álvaro Pombo. El escritor pidió descaradamente el voto homosexual.
Durante la ronda de preguntas, un joven reprochó a Pombo su retórica gritona y carente, a su juicio, de seriedad política. “Indigna”, dijo, “de un senador que, si llega a serlo, cobrará cinco mil euros al mes”. Los mítines de UPyD se han caracterizado por la calidad de su contenido político. A los pueblos los mueven los poetas, y Pombo ya ha demostrado que es un maestro del agip prop.
Cerró las intervenciones Rosa Díez, quien anima a nuestra juventud enmohecida. Y también a toda una amplia franja de la desatendida clase media española. El de este domingo era un público típico de todos los mítines de Rosa Díez a lo largo y lo ancho de toda la geografía española: un público de clase media y de mediana edad y de jóvenes muy jóvenes. Rosa Díez tiene la virtud poético-política de descargar su gran banco de ira justa en cada mitin, mitin tras mitin, coloquio tras coloquio, incansablemente coloquial y cercana. Rosa Díez encarna la ira justa de defender lo español nacional frente al entramado estéril de los nacionalismos periféricos.



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